Blanca Sanchez-Robles
Universidad de Cantabria
Una de las cosas que producen más satisfacción a un investigador es ver que
determinadas hipótesis se corroboran con hechos reales. A veces, sin embargo, esa
alegría queda empañada porque los hechos reales no son precisamente agradables o
esperanzadores.
En los últimos años se ha generado una ingente literatura que, desde distintos
ángulos, llega a una misma conclusión: la actuación eficiente de los poderes públicos
y su colaboración con la empresa privada son imprescindibles para el buen funcionamiento
de la economía, la creación de empleo y el aumento del bienestar de los ciudadanos. Un
hecho recientemente sucedido en un lugar de España que denominaré x
corrobora las tesis de estos trabajos.
En síntesis, el hecho es el siguiente: una empresa localizada en x decide acometer un
proyecto que consiste en la construcción de una planta de energía eléctrica de ciclo
combinado.
Hagamos un poco de historia sobre la compañía. La empresa fundada hace más de
60 años - cuenta con más de 14000 accionistas y 630 trabajadores. Ha abierto oficinas en
Madrid y Barcelona pero sus fábricas se encuentran en x. Uno de los productos que elabora
es la celulosa, que posee múltiples aplicaciones; a partir de la celulosa se hace la
viscosa, material muy empleado en prendas de vestir, sábanas, material hospitalario o
incluso tapices. Por cierto que esta empresa es la única productora de viscosa de
España, y una de las principales de Europa. La celulosa también se emplea para elaborar
otros productos intermedios de los sectores químico e industrial, como el acetato o
algunos tipos de aislantes y apliques. La empresa, asimismo, fabrica poliamida, usada en
aplicaciones tan diversas como la ropa de deporte, las defensas de los coches o las
carcasas de ordenador.
Como puede apreciarse, no estamos hablando de la producción de artículos
extravagantes, anticuados o en retroceso. Al contrario, el output de esta empresa goza de
una demanda cada vez mayor, diversificada en varios ámbitos y en expansión.
La actividad de la fábrica necesita, como es lógico, energía, que se genera por la
propia empresa en su central termoeléctrica. Los excedentes de la energía no empleada en
el proceso productivo (un millón de kw al mes, en promedio) se venden a la región x,
cosa que a x, por cierto, le viene muy bien.
Hace meses, la empresa decide quintuplicar su potencia de producción eléctrica
añadiendo una planta térmica de ciclo combinado de 800 megawatios. Es un proyecto de
más de 42 millones de euros, que dará lugar a la mayor planta de cogeneración de
nuestro país y permitirá aumentar la venta de excedentes energéticos a la región.
La empresa, sin embargo, se ha topado con un problema: la plataforma integrada por 25
colectivos y creada para manifestar su oposición al proyecto. En la plataforma que
previsiblemente adoptará el lema Energía térmica Nunca mais hay
asociaciones de vecinos y de padres de alumnos (que, parece ser, temen por la integridad
física o moral de sus retoños) - ecologistas, y otros honrados ciudadanos, lógicamente
preocupados por el grave riesgo que supone la construcción de la central para su salud y
abrumados por el catastrófico impacto que ejercerá la planta energética sobre el medio
ambiente de la zona. Además, el ayuntamiento de la ciudad, presumiblemente con la mejor
de las intenciones, está entorpeciendo la construcción de la planta, extraviando
documentos, exigiendo incontables informes de impacto ambiental y, en definitiva,
colaborando a que los promotores del proyecto se aburran de la burocracia predominante en
x y se trasladen a otro lugar más favorable a la idea.
Se combinan, además, varias circunstancias interesantes que hacen de este episodio un
auténtico ejemplo de manual: la región donde se instalaría (si le dejan) la central ha
visto aumentar su paro en los últimos meses; la construcción de la central crearía 1500
empleos durante su construcción y cien puestos de trabajo estables cuando la planta
funcione. La región en la actualidad tiene un déficit energético; la construcción de
una planta de 800 mw quizá pueda contribuir a remediar ese déficit. El proyecto
constituye la mayor inversión privada de la historia de la región; buena parte de los
expertos y políticos de esta CCAA se lamentan de que la región ha basado su crecimiento
reciente en la construcción y no en la inversión. Muchos de los habitantes de x se
quejan de la falta de inversión externa que acude a esta comunidad; parte del capital que
anda en juego en el proyecto es extranjero. La CCAA en cuestión se ha desindustrializado
considerablemente en las últimas décadas, y sus autoridades han prometido apostar por la
industria en el futuro; está claro que desbloquear este asunto sería una buena forma de
materializar la apuesta. Finalmente, la coalición que gobierna el ayuntamiento de la
ciudad más próxima a la central ha obtenido el poder gracias al llamado Pacto de
Progreso. Su actitud en este caso, en cambio, invita a pensar no tanto en el progreso
sino en el regreso a una sociedad rural, idílica y primitiva, de vacas pastando
apaciblemente en los prados y mujeres confeccionando encaje de bolillos a la suave luz de
los quinqués; una sociedad, en fin, al más puro estilo amish.
A veces se dice que las autoridades pueden hacer poco para estimular una economía. La
enseñanza que se saca del análisis de este hecho es que, por desgracia, pueden hacer
mucho para entorpecer su buen funcionamiento. ¿Tan difícil de entender resulta esto para
algunos políticos?