Impuestos surrealistas
Blanca Sanchez-Robles
Universidad de Cantabria
La Gaceta de los negocios, 27 de abril de 2001
En las últimas semanas hemos escuchado dos noticias un tanto sorprendentes. De una parte, Rodríguez Ibarra ha anunciado la posible aplicación de un impuesto sobre los depósitos de los bancos que operan en Extremadura. Además, Antich amenaza a los turistas no residentes que acudan a las islas Baleares a pasar sus vacaciones con un gravamen.
Ambas medidas comparten una serie de rasgos, y por eso pueden ser explicadas usando argumentos comunes.
Es bien conocida la precaria situación financiera de gran parte de nuestras CCAA. Algunos de sus dirigentes no comparten las simpatías del gobierno de Moncloa sobre los efectos benéficos de un presupuesto equilibrado y, menos aún, de un gasto público bajo control. Al contrario, gastan en abundancia y, con frecuencia, bastante más de lo que ingresan. Recientemente el Banco de España alertaba sobre el elevado nivel de endeudamiento de las CCAA, que supera los 6,3 billones de pesetas. No entraré a valorar si el gasto público regional se realiza con eficiencia o no, pero basta el sentido común para dudar, al menos, de la necesidad y la pertinencia de gran parte de este gasto. Por ejemplo, el número de funcionarios locales ha proliferado en los últimos años como los champiñones en otoño, con todos los costes que esto acarrea en forma de secretarias, oficinas, viajes, protocolo, etc. Como no hay ningún almuerzo gratis algo que, en último término, todo el mundo reconoce - existe una brillante solución al problema: recaudar impuestos mediante algún procedimiento imaginativo. Ibarra ha elegido los bancos, Antich los turistas. Quizá Chaves, ante la próxima Feria de abril, cobre un tributo a las señoras y señoritas andaluzas que luzcan sus trajes de flamenco en el Real sevillano.
En la teoría clásica de las finanzas públicas los impuestos se explican por otra razón además de la recaudadora: actúan como un desincentivo a determinadas actividades que el gestor no ve con buenos ojos. Por eso se aplican para corregir las externalidades negativas, como los ruidos o la contaminación que genera una empresa mediante el vertido de sus residuos a un río. Siguiendo el razonamiento hasta el final, las medidas arriba mencionadas indican, al menos implícitamente, que Ibarra considera una entidad bancaria como non grata, y que los turistas no hispanos que visitan las Baleares no levantan arrebatos de emoción en Antich.
Lo primero, en el fondo, no nos deja excesivamente perplejos. El presidente extremeño aduce que los bancos son los enemigos del pueblo, al más puro estilo socialista del siglo XIX, porque obtienen unos beneficios enormes e insultantes. Es lógico, a su juicio, que parte de esas ganancias vayan al erario extremeño, que sabrá administrarlas sabiamente para aumentar el bienestar del pueblo de la región. Esta postura también ha parecido razonable, como cabía esperar, a algunos de nuestros más reputados columnistas del ala progre-intelectual. J.M. de Prada, por citar un caso, aplaudía con entusiasmo hace no mucho aunque sin perder su habitual tono desgarrado- el anuncio de Ibarra. Ya se sabe que todo lo que suene a voracidad fenicia es aborrecible para el ilustre escritor. Pero lo que ni políticos ni escritores parecen percibir es que si los bancos tienen que pagar un impuesto en Extremadura, abandonaran la región hacia zonas más amistosas. Los bancos prestan un gran servicio a la economía y por tanto al nivel de renta de los ciudadanos en su labor de intermediarios entre ahorro e inversión. Existen abundantes trabajos que muestran que un sistema financiero eficiente tiene un impacto positivo en el crecimiento de una región o país. Y cualquier negocio necesita el aliciente del beneficio para funcionar. Ninguna de ellas opera por motivos altruistas, válidos para una ONG pero no para una empresa. ¿Qué los bancos ganan mucho? Están en su derecho. También afrontan un riesgo considerable. La quiebra de un banco es dramática para sus gestores y para toda la sociedad. Es razonable que los banqueros disfruten del estímulo del beneficio. Si los bancos abandonan Extremadura, no hace falta haber ganado el Nobel en Economía para saber que dentro de unos años la región será más pobre, menos productiva y menos dinámica. Es un lujo que no se puede permitir, puesto que no ocupa, precisamente, el número 1 en el ranking de riqueza regional.
El caso de Baleares me resulta algo más difícil de entender. El turismo es la principal fuente de ingresos del archipiélago. Por otra parte, las Baleares no son, ni mucho menos, el único destino apetecible de vacaciones. Existen otros como Túnez, Grecia, Marruecos....sólo en el radio de pocos miles de kilómetros. Si se desincentiva a los turistas a ir a estas playas, buscarán otras. Así de sencillo. Y Balerares bajará de ocupar al contrario de Extremadura los puestos de cabeza en el ranking de renta para pasar a niveles más modestos.
Esperemos que los dirigentes mencionados reflexionen un poco y no apliquen estas medidas. En caso contrario, realizarían un flaco servicio a sus regiones. No es recomendable que los gobernantes, para cubrir déficits en los que no deberían haber incurrido, dañen el potencial económico de las regiones que gestionan.