3 diciembre
2001 Blanca Sanchez-Robles
El final del túnel
Ante el panorama actual, ¿cómo es posible que alguien
crea que en 2002 habrá recuperación? Las razones son varias. De una parte, los
estímulos de política económica han gustado a los mercados. De otra, el precio del
petróleo se mantiene en un nivel aceptable. En tercer lugar, las empresas se encuentran
en una posición relativamente saneada en términos de plantilla y de inventarios.

Nos acercamos al término de 2001. Ha sido un año insólito, marcado por la
catástrofe de las Torres Gemelas y la guerra al terrorismo internacional. En el terreno
económico, los rasgos más destacados han sido el frenazo de la economía norteamericana
- que creció en 2000 el 4,2%, y no alcanzará el 2% en 2001- , la incipiente recesión en
Japón y la crisis persistente en Argentina. Los datos de partida para 2002 no son muy
alentadores; los expertos, sin embargo, atisban la salida del túnel. En particular, se
cree que EEUU remontará para mediados de 2002.
No está claro por qué frenó la economía americana. Algunos lo explican apelando al
pinchazo de la burbuja bursátil creada en torno a la Nueva Economía. Además, las
fuertes subidas de tipos de interés practicadas por la Fed en 1999 - del 4,75% al 6,5%-
encarecieron considerablemente la financiación de las empresas, que se vieron abocadas a
reducir su inversión. Finalmente, las subidas del petróleo en 2000 - hasta los 30
dólares el barril- añadieron más leña al fuego. Probablemente esta no sea toda la
película, pero sí una parte de ella. Como consecuencia de este cóctel, junto con algún
otro ingrediente, la expansión más larga experimentada por EEUU en su historia (tasas
medias del 4% durante una década), se detuvo bruscamente en 2001.
La desaceleración parecía haber tocado fondo en verano de 2001. Por desgracia, el
lunático del turbante tuvo la brillante idea de estrellar aviones contra las Torres
Gemelas y el Pentágono el 11-S. Es cierto que los atentados no destruyeron la economía
americana - aunque sí miles de vidas- , pero también es verdad que generaron
incertidumbre y desconcierto. El consumo, que hasta entonces había aguantado bien -
sustentado, a su vez, por el efecto riqueza generado por la bonanza bursátil- ha
comenzado a dar síntomas de cansancio. Wall Street oscila de un modo errático. Se
empieza a pronunciar y escribir la palabra fatídica: recesión.
Ante este panorama, ¿cómo es posible que alguien crea que en 2002 habrá
recuperación, además en forma de V? Las razones son varias. De una parte, los estímulos
de política económica - fiscales y monetarios- han gustado a los mercados. De otra, el
precio del petróleo se mantiene en un nivel aceptable. En tercer lugar, las empresas se
encuentran en una posición relativamente saneada en términos de plantilla y de
inventarios.
En Europa, el escenario comparte semejanzas con la situación americana, pero también
se detectan diferencias. Por una parte, el consumo se mantiene más estable: no está tan
vinculado a la bolsa, ya que a este lado del Atlántico el porcentaje del ahorro que las
familias colocan en los mercados financieros es menor. Además, el mercado de trabajo es
menos flexible, con lo que los despidos no han sido tan numerosos. El BCE ha tenido un
margen de maniobra menor para bajar los tipos, en buena medida porque la inflación se
estaba descontrolando por la debilidad del euro y otras desgracias (fiebre aftosa,
enfermedad de las vacas locas). En definitiva, la trayectoria de la economía
europea ha sido más estable que la de EEUU. Probablemente, su recuperación también
será más suave.
Los expertos predicen una tasa de crecimiento algo menor del 2% para EEUU en 2002 y
algo mayor de esa cifra para Europa. Prevén, no obstante, que Japón de momento no
saldrá del abismo: decrecerá el 1% el próximo año. En general, se prevé una bajada
general de la inflación y una subida de los tipos de interés, esta última de nuevo más
rápida en EEUU, y en un plazo algo más lejano en Europa. El pronóstico no es en
absoluto desalentador.
¿Y el euro? Cómo no, sigue siendo la gran incógnita y la fuente de jaquecas y
frustraciones por excelencia de los analistas. Muchos de ellos confiesan abiertamente que,
en este terreno, nunca han acertado. Con frecuencia han previsto una apreciación de la
divisa europea frente al dólar, que ha quedado en agua de borrajas. Cuando entre en
circulación, será otra cosa, dicen algunos. Ya lo veremos. Al fin y al cabo, parece que
el BCE está mejorando en su complicada tarea de diseñar una política monetaria adecuada
para la eurozona. Es posible que la circulación física - y no sólo virtual- de la
moneda única despierte el entusiasmo de los mercados y suba su precio. Cosas más raras
se han visto en economía.
En síntesis, da la impresión de que, excepto en el caso de Japón, el mal momento ha
tocado fondo. El 2002, previsiblemente, será mejor. Siempre y cuando, claro está, se
alcance la estabilidad política necesaria para el buen funcionamiento de las
instituciones. Por eso es tan importante que no se sigan estrellando aviones en
condiciones misteriosas y que los marines - o algún jefe de tribu afgano espabilado y
ansioso de cobrar unos millones- encuentren a esa extravagante pesadilla con barba y
turbante llamado Bin Laden. Si Al Qaeda y sus filiales se desmantelan, el panorama para el
año próximo resulta más esperanzador de lo que mantiene parte de la opinión pública.