Blanca Sanchez-Robles
Universidad de Cantabria
El INE, como el Banco de España y otras muchas instituciones o expertos, ha alertado
recientemente sobre los peligros que encierra la subida del precio de la vivienda. Uno de
las consecuencias negativas de esta escalada es el "notable endeudamiento" que
produce en individuos en edad de independizarse, el retraso en la edad del matrimonio y el
subsecuente efecto negativo en la tasa de natalidad española, de por sí ya muy baja. A
su vez, la subida en el precio de los inmuebles se corresponde con el incremento en el
número de familias españolas que poseen vivienda en propiedad, que ha pasado de un 63,8%
en 1975 a un 84,6% en la actualidad. A su vez, el porcentaje de familias que viven en
régimen de alquiler ha bajado del 28,8% en 1975 al 9,5% en nuestros días.
Hasta el momento, nada (o no mucho) se dice en el análisis del INE que no supiéramos
ya sobre el tema. En la prensa de estos días, sin embargo, ha aparecido una noticia en
relación con este asunto que, a mí por lo menos, me resulta una novedad. Un grupo de
constructores ha propuesto un plan para que la vivienda se abarate un 20 % en tres años.
Pero, ¿no se decía que el elevado precio de la vivienda en nuestro país era el
resultado de las malas artes de los promotores, confabulados para inflar los precios y
beneficiarse así del consumidor incauto? Más en general, ¿no sueña cualquier vendedor
o fabricante con precios altos en el bien o servicio que vende o fabrica? Parece que no es
así, después de todo; al menos, la visión que tanto sea ha popularizado en los últimos
tiempos la especulación y la cultura del ladrillo como causa de todos nuestros
males - no es totalmente certera.
La propuesta de los promotores suscita de inmediato dos preguntas (por lo menos) muy
básicas: cómo y por qué.
El cómo no es muy difícil de averiguar, ya que numerosas y autorizadas voces han
coincidido en esta idea a lo largo del año que terminamos. La liberalización del suelo
es una de las cuestiones cruciales para que el precio de la vivienda detenga su escalada o
incluso baje. En opinión de un experto el presidente de la asociación de
constructores y promotores de una comunidad autónoma española, donde el problema es
especialmente acuciante - la escasez de suelo edificable es una de las razones que
explican el exceso de la demanda de viviendas sobre su oferta y en consecuencia la subida
del precio de los inmuebles. A su vez, la falta de suelo para construir está
correlacionada con la actitud de algunos ayuntamientos que por razones múltiples,
en las que no entraré han paralizado la concesión de nuevas licencias de obra.
Todos estamos de acuerdo en que deseamos preservar el medio ambiente y la belleza del
entorno natural de nuestro país, y no cabe duda de que es importante una adecuada
planificación urbanística que concilie el derecho constitucional - de todos los
ciudadanos a poseer una vivienda, con el respeto de los espacios naturales. Pero
recordemos, asimismo, que nuestro país tiene todavía gran capacidad de absorber la
construcción de nuevas viviendas, ya que la densidad de población bastante por
debajo de la media europea - lo permite.
La segunda cuestión a la que me refería más arriba es el porqué de esta extraña
(al parecer) propuesta de los constructores. Una vez más, si escuchamos la voz autorizada
del presidente de los constructores y promotores a que aludía antes, nos damos cuenta de
que ellos desean que se aumente el volumen de producción incluso a costa de un
estrechamiento en los márgenes de beneficio. En otras palabras, prefieren construir y
vender más, aunque lo hagan a un precio por unidad más bajo. ¿Por qué? Porque de esta
forma se contribuye a estabilizar la actividad en el sector de la construcción. Cualquier
empresario, de la rama de actividad que sea, se encuentra más cómodo ante una demanda
consolidada y activa pero mínimamente predecible, a la que pueda responder con la
necesaria planificación y visión estratégica. Las oscilaciones muy pronunciadas en la
demanda no son beneficiosas para las empresas a largo plazo, ni siquiera a medio, y
obligan a reemplazar una gestión adecuada y una toma de decisiones prudente, con la
técnica de apagar fuegos y huir hacia delante, lo que acaba pasando factura en la cuenta
de resultados.
Parece que no son sólo los fervientes partidarios del libre mercado los que juzgan
conveniente la liberalización del suelo y la estabilización (e incluso bajada) de los
precios de la vivienda. Su opinión es compartida por los oferentes del sector y, no cabe
duda, por los compradores potenciales y la inmensa mayoría de los españoles. Una vez
más se acaba cumpliendo el ejemplo de la mano invisible. Eliminar las distorsiones y las
trabas a la actividad no daña a nadie (salvo, quizá, a algunos que estaban obteniendo
votos y otras prebendas en determinados ámbitos) y sí acarrea ventajas notables, que
benefician tanto al interés particular de los empresarios del sector como al general de
todos los ciudadanos.