Blanca Sanchez-Robles
Universidad de Cantabria
Falta poco
tiempo para que se desvele uno de los enigmas que más intrigan a un
sector de la población española: los Presupuestos Generales del Estado (PGE)
de 2005. Su presentación y debate en las Cortes aclarará en buena medida
cuál será la política económica del gobierno Zapatero. Hasta ahora
hemos escuchado diversos anuncios procedentes tanto del Ministro de Economía
y Hacienda como de otros miembros del Ejecutivo. No obstante, hasta que no
se conozca el texto de los próximos PGE no sabremos con
más seguridad cuál
será el modelo económico para el próximo año y, quizá, para toda la
legislatura.
Solbes no lo tiene fácil. Nunca es sencillo
preparar los PGE, pero en este caso se concitan una serie de
circunstancias que hacen la tarea todavía más complicada.
Hay incógnitas procedentes del entorno
internacional, como el elevado (y preocupante) precio del petróleo o la
tendencia alcista de los tipos de interés.
Otras dificultades se han gestado en el seno del
ejecutivo. Durante los 100 días de gracia los diversos ministros han sido
pródigos en anuncios y promesas, y claro, estos anuncios y promesas
cuestan dinero. Es cierto que algunos ya se han descafeinado bastante –
el caso paradigmático es el de la Ministra Trujillo, cuyo compromiso de construir 80.000 viviendas protegidas se
convirtió, de la noche a la mañana, en el más ambiguo de proceder a
80.000 actuaciones habitacionales.
En todo caso, tanto estas actuaciones como las desaladoras de Cristina
Narbona o la intención de abrir durante más horas los centros escolares
van sumando miles de euros al capítulo de gastos de los PGE.
Finalmente, a mi modo de ver existe un problema más,
no ya dentro del ejecutivo sino dentro del propio Ministro de Economía.
La cabeza del Ministro sabe unas cosas, y su corazón, su gobierno y su
partido le piden otras. Cuando uno recurre a las hemerotecas comprueba
que, no hace tanto tiempo (pero sí antes del 14 M) el Ministro se
mostraba partidario de la estabilidad fiscal. Es lógico, Solbes es un
buen profesional y no ha podido cerrar los ojos a la evidencia que muestra
la correlación positiva entre disciplina fiscal, creación de empleo y
crecimiento. Los casos de Irlanda y España y,
sensu contrario, Francia
y Alemania, así lo sugieren. Y no olvidemos que al entonces Comisario
Europeo le tocó velar por el cumplimiento del Pacto de Estabilidad y
reprender, en su caso, a los países díscolos.
Después del 14 M, sin embargo, las convicciones de
Solbes (o al menos sus declaraciones) van cambiando sutilmente. Así por
ejemplo, del “Rigor presupuestario y reforma fiscal, ejes de la política
de Solbes”, del 19 de abril, pasamos a que “Solbes admite la
posibilidad de déficit público para financiar nuevos proyectos”. Poco
después, el Ministro “asume el objetivo de estabilidad presupuestaria a
lo largo del ciclo económico”, concepto
que nadie ha definido todavía con precisión.
Si a esto añadimos otras declaraciones más
recientes, como aquellas en las que dijo que los jubilados deberán
contribuir, según su nivel de renta, al gasto sanitario, podemos concluir
que el Ministro va tanteando el terreno, y que
no ha encontrado todavía la piedra filosofal que le permita a)
cumplir el programa electoral del PSOE b) no enemistarse con demasiados
ministros c) no incurrir en un déficit
excesivamente alto que sería pernicioso, no ya porque incumpliría el
Pacto de Estabilidad, lo cual, a estas alturas de la película, sabemos
que es lo de menos, sino porque generaría desconcierto y desconfianza en
los agentes y a medio plazo pasaría factura, en forma de deuda o de más
impuestos.
¿Cuál es la solución? No tengo ni idea, ni creo
tampoco que nadie lo sepa. Lo que sí me parece tener más claro es donde
radica el meollo (o al menos,
una parte) del problema. Las contradicciones entre los ministros y la
aparente incompatibilidad de sus
propuestas, entre sí y con los objetivos macroeconómicos para la economía
española son, hasta cierto punto, comprensibles. Al fin y al cabo, todo
el mundo barre para su casa y, como decía más arriba, el barrido no es
gratis. Pero el gobierno tiene un Presidente, y en último término es él
quien coordina el trabajo de sus ministros, armoniza sus propuestas y
asume la responsabilidad de la política económica, aunque su diseño y
ejecución se deleguen en un Ministro.
Las comparaciones son odiosas, y más todavía quizá
la que voy a poner, pero la considero ilustrativa. Rato y Montoro sanearon
las finanzas públicas no sólo gracias a su habilidad sino también
a que Aznar apoyó desde el comienzo de su mandato las líneas
maestras de la política económica de sus Ministros del área y las
sucesivas medidas en que se fue concretando. Mucho me temo que ahora no
ocurre lo mismo. ¿Conocemos qué piensa Zapatero al respecto? ¿Quiere
unos PGE sociales, inversores o ambas cosas a la vez? ¿Cuáles son sus
prioridades? ¿Hasta qué punto va a apoyar a Solbes frente a las
peticiones de otros gabinetes? Al margen del talante y de las sonrisas, ¿nuestro
presidente tiene claro por qué derroteros quiere conducir a la economía
española? Si no es así, mucho me temo que cuadrar los PGE de 2005 va a
ser una labor épica. Eso sí, septiembre va a ser un mes apasionante
porque va a despejar muchas incógnitas.