La buena vista de los sindicatos

Blanca Sanchez-Robles

Universidad de Cantabria

 La Gaceta de los Negocios, 24 de enero de 2001

El balance rápido de la marcha de la economía española en el 2000 ofrece luces y sombras. Entre las primeras, el buen comportamiento del crecimiento del PIB y del empleo. En cuanto a las segundas, la cifra de inflación, algo superior al 4%, y el abultado déficit de la balanza comercial, casi el triple del registrado en el 2000. Busquemos el quid de ambos asuntos, que están relacionados. No podemos olvidar el impacto negativo del petróleo en las dos cuestiones, aunque la dependencia de la economía española respecto del crudo es mucho menor hoy que hace décadas. Por otra parte, la debilidad del euro debería haber jugado a nuestro favor, incentivando la entrada de nuestros productos en países que no pertenecen a la zona euro. Tampoco parece que la ausencia de incertidumbre cambiaria haya favorecido en gran medida nuestras exportaciones hacia los Once, como pronosticaban algunos que ocurriría cuando entrara en vigor la moneda única. Entonces, ¿qué está detrás del saldo negativo de la balanza comercial? Fundamentalmente, la inflación en España, superior a la de los demás países europeos exceptuando a Irlanda.

Es un momento oportuno para analizar el tema puesto que, a su vez, buena parte de la subida de la inflación se debe al crecimiento de los costes laborales unitarios durante el 2000, a su vez consecuencia de las negociaciones colectivas del año pasado. En aquel momento el gobierno sugirió un incremento en los salarios en torno al 2%, la patronal solicitó una cifra algo inferior al 2% y los sindicatos demandaron el 3,8%. Finalmente, ganaron la partida estos últimos y la subida media fue aproximadamente de un 3,6%. Esta cifra es una explicación importante – aunque no única – del 4% de inflación en el 2000.Es importante no olvidar lo ocurrido el año pasado cara a la negociación de este año.

Nos encontramos ahora en una situación similar. Los agentes difieren en sus peticiones. El gobierno vuelve a solicitar subidas salariales no superiores al 2%. CEOE opina lo mismo. Los sindicatos demandan un 4% de incremento. Volvemos a encontrarnos en un callejón sin salida.

Los sindicatos aducen, con razón, que la subida de salarios debe equiparar la inflación del 2000 para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo. El argumento es lógico pero incompleto. Como ya vimos el año pasado, una subida excesiva de salarios genera más inflación y merma la competitividad, y esto perjudica a todos los españoles sin excepción. Por otra parte, existen estudios que muestran que aquellas empresas que en el pasado reciente han complacido las demandas sindicales mediante incrementos salariales superiores, han destruido más puestos de trabajo y/o creado menos empleo. Se estima que por cada décima que aumentan los salarios por encima de la inflación, la pérdida estimada de empleos es de 7.000.
Es cierto que una bajada del salario real, o en términos más sencillos, una merma del poder adquisitivo, no agrada a nadie, pero es necesario entender que lo contrario es pan para hoy y hambre para mañana. Si continuamos con el juego de indiciar los salarios a la inflación sólo conseguiremos más inflación, menos competitividad, cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo. Dudo que sea esto lo que desean los sindicatos. Entonces, ¿por qué no hacen un esfuerzo por contribuir a la moderación salarial?

Ya han quedado obsoletos los años en que sindicatos, gobierno y patronal se consideraban enemigos irreconciliables. Ahora todos sabemos que estamos en el mismo barco, y que nos interesa que el barco llegue a puerto. Conocemos, asimismo, que la competencia de las empresas extranjeras, nos guste o no, es cada vez más fuerte. Basta ver el último anuncio del Skoda Octavia. ¿Por qué Skoda puede vender un buen coche por 2 millones de pesetas, cuando otras marcas cobran 3 y 4 millones por vehículos similares? Probablemente, porque los costes laborales en la planta de Praga son bajos. No estoy pidiendo que los salarios españoles desciendan a los niveles checos, pero sí estoy intentando explicar que la moderación salarial es crucial para vender, y si una empresa no vende se hunde. Tan sencillo como esto.

Hace casi dos años escribí en estas páginas un artículo titulado "La miopía de los sindicatos", donde argumentaba, quizá con cierta frivolidad, que los sindicatos no saben economía y dan prioridad al corto plazo olvidando el impacto a largo plazo. Recibí un tirón de orejas por parte de CCOO; que me envió inmediatamente un informe económico cuidadosamente elaborado. No puedo decir que compartiera todas sus conclusiones, pero me di cuenta de que los sindicatos saben más economía de lo que yo pensaba y escriben informes detallados, que desde entonces, por cierto, me envían periódicamente.

Estamos ante un momento óptimo para que los sindicatos acrediten sus conocimientos de economía y, más aún, de la economía que se elabora en el siglo XXI, diferente a la que se escribía en los s. XIX o XX. Señores dirigentes sindicales: demuestren que comprenden el funcionamiento de una economía moderna y no sucumban a los cantos de sirena de algunos de sus afiliados. Contribuyan a la moderación salarial demostrando sensatez y visión de futuro en las negociaciones. Convenzan a la sociedad española que no son miopes sino que gozan de buena vista, que alcanza también al futuro. Esta es la actitud verdaderamente solidaria, y que redundará en bien de todos los trabajadores.

sanchezb@unican.es