| La Gaceta de los Negocios |
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| 6 y 7 octubre
2001
Voy a abordar el tema desde otro ángulo: la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre Gescartera. La idea no es original - la trató hace poco Campmany en su columna- aunque no ha sido muy explotada. No acabo de entender la razón de ser de esta comisión. En teoría busca esclarecer la verdad del caso. En la práctica me cuesta creer que esa comisión saque mucho en claro sobre Gescartera. No digo que sea totalmente inútil. Sirve para el entretenimiento de los que la siguen por televisión o Internet. Asimismo, estamos descubriendo auténticos talentos más o menos ocultos en algunos diputados. Por ejemplo, ya sabemos que Jordi Jané, de CiU, posee una lógica implacable y se explica de forma rotunda pero sencilla. No en vano es profesor, y seguramente muy bueno. Tomo nota de su nombre por si se produce alguna vacante en mi departamento. También hemos descubierto que a algunos diputados les gusta mucho Colombo, del que han aprendido una sinuosa táctica de acoso y derribo al compareciente de turno. Hemos conocido más a fondo el ingenio poderoso y la brillante oratoria de otros parlamentarios, capaces de hablar mucho tiempo sin decir nada, como buenos políticos. Podríamos seguir poniendo ejemplos, pero no lo creo necesario. La comisión ha revelado, asimismo, datos sobre los propios comparecientes. Saber que Pilar Valiente cobraba 20 millones de pesetas o que una de las tareas de Jaime Morey en Gescartera consistía en leer el Marca, seguramente ha enriquecido el acervo cultural de los españoles de un modo inigualable. Pero en este punto uno se pregunta: ¿Es ésta la finalidad de la comisión? No parece que sea así. Todo lo anterior nos lo podían haber contado los periodistas de la prensa blanca, amarilla, rosa o salmón. Entonces, ¿qué aporta la comisión parlamentaria a la sustancia de la investigación? En mi opinión, casi nada excepto, quizá, un poco - o bastante- morbo. Las razones son varias. En primer lugar, la propia complejidad del tema hace poco menos que imposible que sus señorías saquen algo en limpio de los turnos de preguntas. Incluso si todos los miembros de la comisión poseyeran un máster en Finanzas por la Wharton School y 20 años de experiencia laboral en Morgan Stanley - lo que, según creo, no es el caso- dudo que averiguaran mucho de estos interrogatorios. Y desbrozar la trama de Gescartera parece un reto más o menos imposible cuando los diputados no son expertos (ni tienen por qué serlo) en finanzas, contabilidad, mercados de futuros y compraventa de opciones. Quizá algún miembro de la citada comisión piense que el Nasdaq es una marca de playeras. Sería interesante comprobarlo. Algunos integrantes de la comisión se asemejan, más bien, a abogados implacables al más puro estilo Grisham. Dominan la técnica de acorralar al testigo, ponerlo nervioso, atraerlo a su terreno, vencer su resistencia... Después de responder a preguntas capciosas, escuchar reprimendas severas y soportar ironías caústicas durante cinco horas es casi imposible que el compareciente no incurra en contradicciones. Creo que, puesto en esa tesitura, hasta Arnaldo Otegi, por elegir un nombre al azar, acabaría afirmando que ha enterrado los 18.000 millones perdidos en una parcela en Tafalla. Tampoco existen pruebas periciales que ayuden a desvelar la verdad. De vez en cuando circulan documentos (que han engañado a los propios técnicos de la CNMV, por lo que asombra que iluminen a los miembros de la comisión). ¿Qué credibilidad poseen los testimonios de los comparecientes? No mucha, puesto que es muy probable que alguien le contradiga al día siguiente. Que conste que no entro a valorar quién miente y quién dice la verdad, sobre todo porque lo ignoro. Lo que argumento aquí es que, visto lo visto, me muestro un tanto escéptica sobre los potenciales éxitos de esta comisión. Todavía no hay respuestas contundentes a las preguntas clave. Creo que nos encontramos ante un ejemplo más de utilización ineficiente de los recursos, en este caso del dinero de los contribuyentes y/o el trabajo de los diputados. El ciudadano medio se pregunta si realmente sus señorías no tienen cosas más importantes que hacer que jugar a los abogados. Entiendo que estas comisiones se utilicen para hacer lo que nadie hace: por ejemplo, investigar sobre un tema que no tiene trazas de ser delito y por tanto no irá a los juzgados (la situación de los refugiados afganos en la provincia de Murcia, por ejemplo) o bien arrojar luz sobre la conducta de un aforado, hasta que se decida si se pasa o no el tema a los tribunales. Ahora bien, cuando un asunto está siendo investigado por una juez competente, que intenta dilucidar el caso con la ayuda de los correspondientes informes periciales y el estudio cuidadoso de los expedientes, me cuesta creer en la pertinencia de esta comisión, a no ser que su objetivo último - como parece desprenderse de las intervenciones de algunos diputados- sea la cabeza de Rato. Si es así, entonces las cosas me empiezan a cuadrar mejor. El reglamento del Congreso, en su artículo 44, dice que existen, como instrumento de control parlamentario, las comparencias mediante las cuales un miembro del Gobierno, autoridades o funcionarios públicos acuden ante el Pleno o una comisión para informar en profundidad sobre un tema. A mi entender, en este caso se está consiguiendo lo contrario: confundirnos en profundidad sobre el tema Gescartera. |
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