El SEPLA: ese enigma
Blanca Sanchez-Robles
Universidad de Cantabria
La Gaceta, viernes 13 de julio
He intentado eludir el tema de la huelga de pilotos en esta columna porque no quería añadir más leña al fuego. Por desgracia, el tercer día de huelga y el mal cariz de las negociaciones me impulsan hoy a decir algo, con la esperanza de que sea de alguna utilidad.
Nunca he entendido la filosofía del SEPLA, pero en estos momentos mi grado de perplejidad ha alcanzado su máximo. Da la impresión de que sus siglas se pueden interpretar como Sindicato Español de Pilotos de Líneas que desean Autodestruirse. Al fin y al cabo, su extraño comportamiento parece encaminado a conseguir la desaparición de Iberia y de los puestos de trabajo de sus pilotos. Curioso modo de proceder para un sindicato.
Vaya por delante que no tengo ningún prejuicio contra los pilotos. Al contrario, la aviación me apasiona tanto o más que la economía tengo antecedentes próximos en mi familia - y me interesa mucho todo lo que ocurre en el sector. En particular, me ha causado admiración el esfuerzo de los gestores y empleados de Iberia en estos últimos años: en mi opinión, la compañía ha mejorado considerablemente y no tiene nada que envidiar a las mejores del mundo. Por eso me da pena que existan todavía en la empresa algunos sectores que olvidan precisamente lo más crucial: que Iberia es una empresa privada, no lo olvidemos - y debe ser rentable.
No deseo entrar en polémicas sobre si los pilotos ganan mucho o poco. Creo que esa no es la clave. Pienso, más bien, que hay otros dos puntos neurálgicos en este problema.
El primero es el de siempre: el error de entender la empresa como un juego de suma cero, y las relaciones entre sus distintos sectores como una especia de pelea. Esta idea está obsoleta, no me cansaré de repetirlo. Las huelgas perjudican a toda la empresa, propietarios, gestores y empleados. Iberia como Hacienda somos todos. Este lema debería estar escrito en las paredes de todas sus oficinas. Lo que daña la compañía daña a todos sus integrantes, y viceversa. Está claro, entonces, que las huelgas que causan a una compañía (que recientemente ha cambiado el color y el signo de su cuenta de resultados) pérdidas de más de 1000 millones de pesetas al día son incomprensibles. Esos paros reducen los beneficios presentes y también los futuros, puesto que dañan gravemente la imagen de la compañía. Ayer lo decía claramente una persona entrevistada en el telediario: "siempre he viajado con Iberia y me ha ido bien, pero ahora...."(la entrevistada se abstuvo de decir, pero se entendía, que ahora volará en Spainair o en Air Europa).
Es difícil comprender cómo es posible que esta huelga beneficie a los pilotos. ¿De qué les sirve un incremento de sueldo ahora si en unos años la empresa tiene que cerrar por no ser rentable, o resulta absorbida por British Airways o Lufthansa? Quizá sea esa la estrategia secreta del SEPLA, no sé.
El segundo punto clave en este conflicto tampoco es nuevo: algunos sindicalistas ignoran las más elementales nociones de economía y gestión de empresa. ¿Conocen a fondo los ilustres jefes del SEPLA las bases de la contabilidad de costes? ¿Distinguen una empresa privada de una pública, y un mercado competitivo de un monopolio o un oligopolio? ¿Disponen de cifras sobre la elasticidad de la demanda de billetes de avión con respecto al precio? ¿ Saben que la economía americana se ha desacelerado, y han procedido a estimar las consecuencias que este hecho tendrá sobre el turismo en España? ¿Han aprendido el término productividad? Me encantaría que el SEPLA pudiera contestar a estas preguntas. No creo que sea necesario que los representantes sindicales sepan resolver modelos macroeconómicos basados en ecuaciones diferenciales no lineales con condiciones de contorno, pero sí deben dominar los conceptos esenciales en la economía y en la gestión de la empresa. Y si no los conocen, a mi modo de ver, carecen de autoridad moral para sentarse a negociar.
Por otra parte, me encantaría saber qué porcentaje real de pilotos de Iberia están de acuerdo con el modo como el SEPLA está llevando más bien, no llevando las negociaciones. Estoy bastante segura de que una gran mayoría de ellos estaría dispuesto a aceptar las ofertas de Mullor. En otras palabras, creo que los pilotos están manipulados por el sindicato. Esto no es nuevo. En mi empresa, los afiliados a un determinado sindicato X no son más del 5%, y sin embargo este sindicato nos inunda con correos electrónicos, convocatorias a asambleas e interviene en ciertas reuniones con una seguridad que sugiere que el 90% de los empleados de la institución estamos afiliados a X, lo cual no es cierto en absoluto. Es fácil para un sindicato arrogarse la bandera de hablar en nombre de todo un colectivo, y es fácil para el colectivo enmascararse en el anonimato y esperar a ver si algo cae. Pero si los pilotos se paran a pensar, verán que el sindicato les está haciendo un flaco servicio. Dudo de que los pilotos - que dominan aparatos tan sofisticados como los componentes de un Boeing 757 o un Airbus y saben salir al paso de las innumerables contingencias que pueden presentarse en un vuelo - no sean capaces de entender que pérdidas de dinero para Iberia significa pérdidas del puesto de trabajo a largo plazo. Yo rogaría a los pilotos que, a pesar de que el tema está caliente y las posturas muy enfrentadas, sean razonables y se planten frente a la absurda conducta de sus mal llamados representantes sindicales. En caso contrario, parecerían más bien conductores de diligencias en la Inglaterra dickensiana que pilotos de aviones del siglo XXI.
Finalmente, unas palabras de aliento para Irala, Mullor y el resto de los gestores de Iberia. Pienso que es bueno que la empresa mantenga una actitud firme ante las reivindicaciones demagógicas y las conductas inaceptables. Ha llegado el momento, por desgracia, de la mano dura: cancelar nuevos contratos, despedir a alguno que se pasa de listo... Los empleados de Iberia deben entender que jugar con la supervivencia de una compañía es algo muy serio, con lo que no se puede jugar.