¿Desea usted una hipoteca?

Blanca Sanchez-Robles

Universidad de Cantabria

La Gaceta de Los Negocios, 5 de agosto 2001

Esta es una de las preguntas planteadas en un libro publicado hace poco por Hernando de Soto, economista – con nombre de navegante del siglo XVI – y presidente del Instituto para la Libertad y la Democracia de Perú. El libro se titula "El misterio del capital", y lleva como subtítulo "¿Por qué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo?".

La clave de la respuesta, según De Soto, radica en los derechos de propiedad o, mejor dicho, en la ausencia de su definición en los países en desarrollo.

Como ya se ha repetido muchas veces, el estudio de las causas del crecimiento de las naciones se ha convertido a mediados de los 90 en tema de moda entre investigadores y ha acaparado la atención de las mentes más preclaras de la economía, entre ellos un premio Nobel, Robert Lucas. En estos años se ha profundizado en la cuestión y, como es lógico, se ha avanzado un trecho considerable en la delimitación y en el consenso acerca de los factores que promueven el crecimiento de los países. Son, entre otros, el capital humano, la estabilidad política, la eficiencia del sistema financiero y la innovación tecnológica. Conviene no olvidar, en estos tiempos globofóbicos que corren, que la apertura al exterior es otra de las razones que explican el desarrollo de un gran número de países, sin ir más lejos el nuestro. La investigación es prácticamente unánime en este punto, de modo que me sume en la más absoluta perplejidad la tozuda insistencia de los seres antiglobalización – o antisistema, o como quiera que se llamen – que continúan montando algaradas, pataleando e incordiando en general bajo lemas como "Multinacionales go home" y "La globalización es el demonio". En fin, supongo que no hay mejor sordo que el que no quiere oir y, en el futuro, cualquier cumbre que se precie tendrá su dosis conveniente de disturbios y gritones. Dado que todo el mundo –desde Sanchez Ferlosio - en una Tercera reciente de ABC, que por cierto no entendí – hasta Jaime Campmany (a este último sí le entendí ), pasando por columnistas y tertulianos, habla estos días del tema, no me extenderé más sobre él.

Tras esta digresión, volvamos al punto principal. Es cierto, como decía, que hoy se sabe mucho más que hace 20 años sobre cómo impulsar – o no estorbar – el crecimiento de un país, pero todavía existen algunos puntos oscuros. ¿Por qué hay países milagro – que cuadriplican su renta per capita en unas décadas - como Corea o Mauricio, y desastres – que la hunden a ras de tierra- como Venezuela o Trinidad y Tobago? Una posible explicación es que los países difieren en sus situaciones de partida y en sus idiosincrasias, de modo que las recetas que funcionan en unos no tienen por qué tener éxito en otros. No está claro que imitar el modelo de crecimiento de Hong Kong en Nigeria funcione, porque el Sudeste Asiático no es Africa. Parece, entonces, que cada país debe encontrar su propia medicina. Empleando una interesante analogía – cuyo copyright pertenece a X. Sala-i-Martin- , se podría comparar cada país a un globo, sujeto a la tierra por diversas cuerdas y que acarrea bastante lastre. En la medida en que corte las cuerdas y se deshaga del lastre (corrupción, intervencionismo estatal, distorsiones en los mercados, déficit tecnológico), el globo podrá despegar y remontarse a las alturas del progreso y el nivel de bienestar de los países más ricos del planeta. La dificultad principal, claro, es identificar las cuerdas y los lastres de cada cual y proceder a cortar por lo sano, lo que no siempre es cómodo desde el punto de vista político.

De Soto ha inquirido sobre la naturaleza de estos lastres y ha encontrado uno, notablemente oneroso: la indefinición de los derechos de propiedad. En cinco ciudades (El Cairo, Lima, Manila, Mexico DF y Puerto Príncipe), se ha estimado que alrededor de un 60-68% de la población urbana poseía "capital muerto": casas, tiendas o parcelas de tierra sin los correspondientes títulos legales de propiedad, lo que impedía que se pudieran presentar como colateral para obtener una hipoteca y poner en marcha un negocio.

¿Cómo se han establecido en Occidente estos derechos? La fiebre del oro de mediados del s. XIX en EEUU proporciona un interesante ejemplo. Los buscadores del preciado metal se organizaron por su cuenta en 800 jurisdicciones separadas, conocidas como "distritos de los mineros". La delimitación del terreno se llevaba a cabo por acuerdos individuales entre los habitantes de la zona. Lo que comenzó como un acuerdo informal obtuvo respaldo en la legislación americana, cuando en 1869 el Congreso elevó estos contratos sociales al rango de una ley, normalizando así de iure la situación de hecho

De Soto defiende que se necesita un fenómeno semejante – la formalización de la propiedad informal - en los países en desarrollo. Si se especificaran claramente los derechos de propiedad en las naciones menos favorecidas, un gran número de potenciales inversores podría obtener créditos para poner en marcha nuevas empresas, puesto que les sería más fácil acceder a préstamos mediante la hipoteca de su casa o tierra. Es obvio que la definición de estos derechos es condición necesaria, pero no suficiente, para facilitar la inversión de estos Bill Gates en pequeña escala e impulsar el crecimiento del país. Se necesita, además, un sistema financiero más eficiente – al menos compuesto por bancos capaces de conceder créditos con un mínimo de profesionalidad – y una cierta estabilidad macroeconómica. Ahora bien, la experiencia en Latinoamérica indica que estos ingredientes están naciendo a la vez. Países como Bolivia, Chile, Ecuador o Perú presencian la aparición de estos bancos solidarios, al mismo tiempo que sus economías se estabilizan poco a poco. El resultado es un gran florecimiento de los microcréditos y de la actividad empresarial ¿Existe alguna ventaja en este tipo de escenarios para los gobernantes? Sí, porque la formalización de negocios previamente extralegales permite aumentar la recaudación impositiva: en Perú la cifra ha superado el millardo de dólares en cuatro años.

Probablemente la consolidación de los derechos de propiedad en las naciones más pobres no es el único lastre que deben eliminar para proceder al despegue. Existen, sin duda, otros factores relevantes. Parece claro, sin embargo, que el establecimiento de estos derechos es clave para el desarrollo.

sanchezb@unican.es