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15 abril 2002


De nuevo, el petróleo
"El precio del petróleo ha descendido algo, pero no sería sorprendente una nueva escalada. ¿Causas? De una parte, la recuperación de las economías desarrolladas; de otra, el conflicto en Israel. Los árabes emplearon el petróleo como arma estratégica en 1973 y en 1979, sumiendo las economías occidentales en sendas recesiones. Parece que no hemos aprendido la lección, y las naciones más avanzadas siguen siendo vulnerables a las decisiones de la OPEP."

B. SÁNCHEZ-ROBLES / UNIVERSIDAD DE CANTABRIA

El precio del petróleo vuelve a estar en el ojo del huracán de la economía mundial, amenazando la incipiente recuperación. Desde principios de año, el barril de Brent se ha revalorizado en más de un 35%, alcanzando los 27 dólares durante esta semana. Afortunadamente, en los últimos días su precio ha descendido algo, pero no sería sorprendente una nueva escalada. ¿Causas? De una parte, la propia recuperación de las economías desarrolladas; de otra, el conflicto en Israel. Los árabes ya emplearon el petróleo como arma estratégica en 1973 y en 1979, sumiendo las economías occidentales en sendas recesiones. Parece, sin embargo, que no hemos aprendido la lección, y las naciones más avanzadas continúan siendo vulnerables a las decisiones del cártel de la OPEP.

Es difícil encontrar alternativas al petróleo como fuente de energía, y más complejo aún descubrir nuevos yacimientos. Hoy por hoy, el 50% de la producción mundial procede de la OPEP. Desconocemos la importancia de las reservas de petróleo de EEUU. Probablemente, una cantidad nada desdeñable, pero hoy por hoy los norteamericanos son reacios a asumir el coste ambiental de la explotación del crudo de Alaska.

En definitiva, los países europeos - y entre ellos España- deben buscar otras fuentes de energía. La hidráulica está prácticamente explotada ya en todo el mundo, y no da mucho más de sí. El carbón es caro en su extracción y transporte - ya que es un elemento sólido- y muy contaminante. Aunque quizá sea pronto para emitir un juicio autorizado sobre las energías renovables, no parecen ser excesivamente rentables. El precio del kw/hora obtenido en los parques eólicos es todavía muy alto, lo que ocasiona que esta fuente juegue un papel relativamente marginal. Los paneles solares, en fin, son asimismo muy caros y poco eficientes para el consumo a gran escala.

Entonces, ¿dónde está la solución? A mi juicio, en un campo políticamente incorrecto, pero económicamente interesante: la energía nuclear. Todo lo relacionado con este tema solivianta a algunos sectores de la población, quizá por ignorancia. Es cierto que presenta el gran inconveniente de la radioactividad de sus residuos, que pueden pervivir miles de años. No obstante, a veces se olvida que la radioactividad sólo es peligrosa si existiera un accidente y la central nuclear volara por los aires. Vivir cerca de Lemóniz, en sí, no es más inseguro que vivir cerca de un aeropuerto. La probabilidad de que estalle la central es, probablemente, tan pequeña como la de que un Boeing 727 tome tierra en el pasillo de nuestra casa y no en la pista de aterrizaje. Eso no quiere decir que el riesgo no exista. La experiencia de los países occidentales, sin embargo - en los que no ha habido catástrofes como consecuencia de explosiones en centrales nucleares- sugiere que, si se adoptan las debidas precauciones, las centrales nucleares no son per se peligrosas. Tampoco se han detectado casos de malformaciones o enfermedades en aquellos que viven próximos a una central. Existe una triste excepción, es verdad: Chernobyl. Su explosión fue lamentable y tuvo gravísimas consecuencias (muertes, malformaciones, enfermedades). Ahora bien, todos sabemos que la antigua URSS no destacaba por su esmero en las medidas de seguridad, en particular en el terreno nuclear. El desgraciado hundimiento del Kursk en el verano de 2000 así lo atestigua. La tragedia de Chernobyl, entonces, quizá se podría haber evitado si se hubieran tomado las precauciones necesarias.

La energía nuclear, por tanto, se presenta como una opción conveniente y barata. Existe, no obstante, el inconveniente de los residuos, aunque como se ha dicho este riesgo se ha exagerado notablemente por las organizaciones ecologistas.

Parece, entonces, que la ruta hacia fuentes de energía rentables y no restringidas a una zona del planeta pasa por una energía nuclear más limpia y con menos residuos. Una forma de generar esta energía es la fusión fría, basada no en el átomo de uranio, muy complejo (su peso atómico es 238), en cuya descomposición surgen elementos radioactivos, sino en el átomo de hidrógeno: mucho más simple (su peso atómico es 1) y exento de radiaciones.

Recientemente publicaba un artículo en Science un ingeniero nuclear que dice haber obtenido un método innovador para llevar a cabo esta fusión fría. Vamos a ver si tiene éxito.

Todavía queda mucho camino por recorrer en este terreno, ya que es mucho lo que aún se desconoce. Da la impresión, sin embargo, que el futuro de la energía está relacionado estrechamente con la investigación en esta línea: en otras palabras, debe potenciarse el trabajo que busque nuevas formas de obtener energía nuclear limpia. Puede ser una línea fructífera para la humanidad. Los resultados prometen: si se consiguiera afinar la técnica de modo que se resolviera el problema de los residuos, la energía nuclear sería, probablemente, la energía del futuro: barata y abundante.



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