El Camino de Santiago en Bicicleta
Segundo Viaje

Día sexto: La Cordillera Cantábrica y llegada a casa

Al salir de Reinosa el ambiente es frío y una espesa niebla envuelve el ambiente. Comienzo a pedalear sabiendo que lo hago ya para llegar a casa. Tengo prisa.

Flecha Amarilla La niebla sobre el pantano del Ebro

He elegido una ruta más larga, alejada de las carreteras principales. Al llegar al Pantano del Ebro la niebla se disipa en parte y me apresuro a cambiarme de ropa a una más cálida. Está precioso el pantano con las riberas envueltas en una niebla que ahora es más tenue, y con algunos rayos de sol tímidamente iluminando algunas zonas.

Al llegar a Corconte, al otro extremo del pantano, vuelve la niebla y comienzo la ascensión a los puertos de la Magdalena y la Matanela, de unos 1000 metros de altitud, y que marcan la división de la cordillera entre el valle del Ebro y la cuenca Norte que vierte sus aguas en el Mar Cantábrico.

Flecha Amarilla El puerto de la Matanela marca el cruce de la Cordillera Cantábrica. Comienza la bajada hacia San Pedro del Romeral y los Valles Pasiegos

Al coronar el puerto sé que ya es casi todo cuesta abajo a partir de aquí. Observo con desazón que ha crecido mucho el parque eólico construido en las crestas de los montes y que estropea la vista de las cumbres cantábricas desde el valle.

A pesar de ello, en el descenso ha ido desapareciendo la niebla y en su lugar pueden observarse los paisajes de los Valles Pasiegos, de color verde intenso, con esas pendientes imposibles y desniveles brutales. Este es el paisaje que para mí tiene más fuerza y despierta más sensaciones de belleza de entre todos los que he visto en mis dos viajes por el Camino.

Flecha Amarilla Los valles pasiegos, con sus verdes paisajes, despiertan sensaciones de gran belleza

El descenso es rápido, pasando por San Pedro del Romeral. Puesto que no hay que pedalear soy un espectador privilegiado de ese entorno natural, agreste y vertical.

Al llegar al fondo del valle me encuentro con el río Pas y entonces debo volver a afanarme en pedalear. Pocos kilómetros después llego al parque de Alceda, donde comienza la vía verde del Pas, que aprovecha el recorrido del antiguo ferrocarril Ontaneda-Astillero. En el parque, una pareja de pájaros carpinteros verdes juega a esconderse de mi tras los gruesos troncos de los robles.

El paso por la vía verde es inspirador, sobre todo en los tramos que discurren al lado del río. En poco tiempo llego a Puente Viesgo. Allí abandono la vía verde para seguir por caminos y carreteras locales el curso del Pas hasta llegar a Puente Arce. Allí tomo un tramo del Camino de Santiago en Cantabria pasando por Mompía y Bezana, para acercarme a casa. Me alegra ver de nuevo las flechas amarillas que indican el camino, pero no encuentro hoy a ningún peregrino. Estos últimos kilómetros están cerca de casa y los conozco muy bien. Me sé cada subida, cada bajada y la distancia que me queda por recorrer. Ya sólo puedo pensar en abrazar a Paula y a Ana, ya que Miguel está pasando unos días con sus tíos en Alicante.

Flecha Amarilla El río Pas, cerca ya de Puente Arce (y de casa)

Por fin, tras 104 kilómetros de recorrido por Cantabria, cruzo la puerta de la urbanización en donde vivo y llamo al timbre de casa, donde la cara sonriente de Ana me indica que el viaje ha terminado.

Flecha Amarilla La llegada a casa


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