HUELLAS DE VIOLENCIA
Como ocurre en Longar, San Juan ante Portam Latinam presenta interesantísimas evidencias que permiten constatar, en esta comarca del valle del Ebro, la existencia de actos violentos entre las sociedades humanas de fines del IV milenio.
Entre ellas sobresale un conjunto de nueve heridas por flecha, que afectan a otros tantos individuos de los inhumados en el sepulcro. La mayoría de los impactos tuvo lugar por detrás, lo que llama poderosamente la atención. Sin embargo, no se han encontrado mujeres o niños que presenten lesiones de este tipo, como cabría esperar si se tratara de una masacre más que de un enfrentamiento bélico. Algunos de los individuos debieron fallecer a consecuencia de las heridas, pero otros presentan indudables signos de regeneración ósea y, por tanto, períodos más o menos amplios de supervivencia.

En estas ocasiones las puntas de sílex (enteras o fragmentos) se hallaron -y se conservan- claramente alojadas en las diferentes regiones anatómicas afectadas. Sin embargo, con toda probabilidad, hubo otros casos semejantes que no pudieron certificarse durante la excavación: en unos casos, debido a la deficiente conservación de los huesos; en otros, porque, por simple ley de probabilidad, la mayoría de las flechas debió impactar en partes blandas de los individuos, que suponen la mayor parte de la masa corporal, sin dejar traza en los huesos. Las frecuentes rupturas, a veces en “golpe de buril”, de los ápices de las puntas de sílex indican que muchas de ellas -si no todas- fueron lanzadas e impactaron con fuerza en sus objetivos.
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| Fragmento de coxal con lesión por flecha cicatrizada | Punta de flecha atrapada en una neoformación de tejido óseo en la nuca |
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Punta de flecha incrustada en un antebrazo con neoformación de tejido óseo |
Punta de flecha incrustada en un coxal |
Punta de flecha en la primera vértebra lumbar de un individuo |
El análisis paleopatológico, todavía en curso, registra aún nuevas evidencias de violencia con la observación -entre otras de menor interés- de al menos cuatro fracturas de cúbito de las denominadas de Monteggia o “de paro”. Se trata de una característica rotura del hueso producida por un golpe directo con una estaca u otro objeto contundente sobre la cara dorsal del antebrazo, mientras el agredido lo levanta para defenderse en un movimiento reflejo. Todos los casos cicatrizaron espontáneamente, de manera natural.
Finalmente, resta por mencionar el hallazgo de tres trepanaciones, desgraciadamente sobre cráneos incompletos. Aunque su interpretación suele llevarse a la esfera de lo ritual, en este caso no puede descartarse alguna finalidad mágica o curanderil relacionada con lesiones producidas en el transcurso de los enfrentamientos bélicos constatados en el yacimiento. Las tres operaciones fueron practicadas con procedimientos diferentes: barrenado, abrasión e incisión; dos de ellas muestran signos de supervivencia.

Frontal con trepanación mediante legrado, seguida de superviviencia
